miércoles, 7 de octubre de 2026 · Daniel Brache
¿Consumidores u obreros?
Predicador: Daniel
Mateo 9:35-38 "Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies."
INTRODUCCIÓN: LA URGENCIA DE LA COSECHA
Imaginemos por un momento a una persona que se ha dedicado a su campo durante mucho tiempo. Preparó el terreno, seleccionó cuidadosamente la semilla, preparó los fertilizantes y montó un sistema de riego especial. Día a día cuidó de sus retoños. Cuando esas plantas comenzaron a dar fruto, se dio cuenta de que necesitaba ayuda: el campo era inmenso y la cosecha tan grande que no podría recogerla solo. Al día siguiente se levantó decidido a contratar trabajadores. La cosecha estaba madura y, si no se recogía pronto, se perdería todo el esfuerzo y todo el amor con el que la había cuidado.
Creo que Jesús, en este pasaje, se sentía exactamente como ese hombre. De este texto podemos resaltar varias cosas fundamentales.
EL MODELO: JESÚS NO FUE UN DICTADOR
Jesús, siendo Dios, no fue un líder que se sentó en un trono, aferrado al poder, simplemente a dar órdenes. Jesús nos dio el ejemplo práctico. El versículo 35 dice que Él "recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando… y predicando". Él fue el primero en salir a sudar por la cosecha. No nos pide nada que Él no haya hecho antes por nosotros.
LA MIRADA DE COMPASIÓN
El texto nos dice que Jesús "tuvo compasión de ellas". No vio a las multitudes como una carga o un problema, algo que, seamos sinceros, muchas veces sí hacemos nosotros. Este punto me deja una pregunta que confronta: ¿estoy teniendo yo compasión?
Hay muchísimas personas a mi alrededor, en casi todos los ámbitos de mi vida. ¿Tengo compasión de aquellos que van camino a la condenación por no conocer a Dios? El día a día nos consume: vamos con prisa, siempre corriendo. Pero ¿cuándo vamos a parar? ¿Cuándo vamos a atender al Señor de la mies, que necesita ayuda?
Y ojo: hablo de mí, que siempre estoy ocupado. Seguramente muchos de ustedes sí tienden la mano a los desamparados y llevan folletos en el bolso para predicar.
EL PROBLEMA: CONSUMIDORES DE LA GRACIA
"A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos." Vivimos en una sociedad en la que a veces creemos que las personas no quieren acercarse a Dios, pero la necesidad espiritual es enorme. Hay corazones que necesitan esa palabra que nosotros callamos. Hay personas que necesitaban leer ese folleto que yo no entregué porque, otra vez, me dio pena, y dejé pasar la oportunidad.
El problema no ha sido la falta de cosecha, sino la falta de obreros. Muchas veces estamos muy enfocados en "consumir" la gracia de Dios. Pero ¿cuándo vamos a recorrer la milla extra? ¿Cuándo vamos a invertir nuestro tiempo y nuestra energía en beneficio del reino?
NUESTROS GRANDES BENEFICIOS
El texto dice que la gente estaba "desamparada y dispersa como ovejas que no tienen pastor". Nosotros, en cambio, ya hemos recibido la gracia y disfrutamos de los beneficios de ser hijos de Dios:
- Tenemos la promesa de vida eterna y un camino que seguir.
- Tenemos la Palabra de Dios, que nos guía día a día.
- Tenemos pastores y líderes en la iglesia que nos enseñan y nos guían.
- Tenemos maestros capacitados, como algunos de los hermanos que tenemos en la congregación.
- Tenemos una relación directa con el Creador.
Podría seguir y sacar cincuenta beneficios más. Pero ¿y los demás? ¿Dejaremos que las personas necesitadas se queden sin conocer esta maravilla?
Recordemos que todos llegamos a la iglesia porque alguien nos habló, y a esa persona le habló otra. Alguien llevó el evangelio a Brasil, a Colombia, a Venezuela; alguien lo trajo a España. ¿Se imaginan si esas personas hubiesen decidido callar? Menos mal que no fueron tan egoístas como lo soy yo cada vez que, por vergüenza, no hablo de Cristo.
DE LOS DERECHOS A LOS DEBERES
Es muy bueno tener beneficios, pero desde pequeños nos enseñaron que todo derecho trae deberes. ¿Cuáles son nuestros deberes como cristianos?
1. Amar a Dios y al prójimo. Quien ama tiene compasión, invierte, se preocupa y ayuda.
2. Ser reflejo de Cristo. Quiero que la gente sepa que soy cristiano sin tener que decirlo. Un domingo almorzamos en el restaurante de un amigo, y una señora le dijo a una hermana de nuestra congregación que tenía una buena "energía". No recuerdo la palabra exacta que usó, pero sí la respuesta de nuestra hermana, firme y clara: "Soy cristiana evangélica".
3. Congregarnos. Cuando adoramos juntos y oramos los unos por los otros, cumplimos lo que está escrito:
Hebreos 10:24-25 "Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca."
4. El deber más explícito: la Gran Comisión. Llevar la Palabra de Dios a todos los que podamos. Dejar de ser un adorno en la iglesia.
Marcos 16:15-16 "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado."
Jesús nos envía directamente. No importa cuántos "no" recibamos: nuestro deber es seguir buscando ese "sí". Como dice Lucas 15:7, hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento. Hay gente esperando ese folleto, esa oración. Debemos recorrer la milla extra.
CONCLUSIÓN: REPRESENTANTES DEL MEJOR PRODUCTO
Cuando trabajé como vendedor tuve un problema muy serio: la empresa para la que trabajaba era irresponsable. Yo vendía y la empresa no entregaba a tiempo o entregaba en malas condiciones. Eso, quieras o no, te desmoraliza; sientes que estás engañando a la gente.
Pero sepamos algo sobre lo que hoy ofrecemos: no tiene fallos. Jesús es perfecto. Él no defrauda. Ofrezcámoslo con orgullo y sin miedo, porque su garantía nunca expira.
Mateo 24:35 "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."
Te dejo una última reflexión: el cielo se alegra de verdad cuando predicamos, y nuestros pasos se vuelven hermosos delante del Señor.
Isaías 52:7 "¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!"
ORACIÓN
Señor de la mies, gracias por la salvación que nos diste sin merecerla. Perdónanos por las veces que hemos callado por vergüenza o por estar demasiado ocupados. Danos un corazón compasivo como el de Jesús, abre nuestros ojos a las personas que nos rodean y envíanos como obreros a tu cosecha. En el nombre de Jesús, amén.