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Iglesia Paz y Vida
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miércoles, 14 de octubre de 2026 · Pastor Anderson Valente

La fe en el milagro.

2 Reyes 6:24-30 "Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar? Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo. Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que traía interiormente sobre su cuerpo."

UNA CIUDAD SITIADA

El pueblo de Samaria estaba viviendo una situación extrema de hambre. Los sirios habían sitiado la ciudad y con eso se acabó el alimento. En el pasaje que acabamos de leer vemos que alrededor de 0,3 litros de estiércol de paloma se vendían por cinco piezas de plata, y la cabeza de un asno por ochenta. Eran precios imposibles, equivalentes a meses e incluso años de trabajo, por cosas que en tiempos normales nadie habría querido comer.

La escasez en Samaria fue todavía más lejos. Si comer estiércol de paloma era triste y casi impensable, la gente luchaba por comer cualquier cosa para seguir con vida. Y de repente el rey escucha a una mujer que afirma haber cocinado a su propio hijo para comer, y que esperaba comer después el hijo de la otra mujer, pero esta lo escondió.

Imaginemos lo que sintió el rey y cómo lo recibió. Se humilló rasgando sus vestidos, y la ciudad que tenía su confianza puesta en él lo vio en su impotencia y su humillación.

EL ORIGEN DE LA CRISIS

Todo eso venía de un trasfondo espiritual de rebeldía y de contaminación con ídolos y, principalmente, de la banalización de lo que era santo para el Señor, como el sacerdocio.

Eliseo predicaba contra esta corrupción espiritual que vivía Israel, y por eso el rey amenazó con cortarle la cabeza, ya que profetizaba en contra de las prácticas que él y la nación cometían.

UNA PALABRA PARA EL DÍA SIGUIENTE

Cuando el rey venía de camino, Eliseo anunció que al día siguiente todo cambiaría y declaró lo que sucedería:

2 Reyes 7:1-2 "Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello."

En nuestras calamidades, muchas veces somos incrédulos ante la palabra que Dios declara. Tendemos a mirar solo lo que nuestros ojos contemplan y queremos ir siempre por la lógica. Al fin y al cabo, somos seres racionales y queremos entender el proceso.

Pero muchas veces es necesario creer en lo que el Señor determina, porque Él cumplirá toda palabra que sale de su boca.

Humanamente hablando, era imposible que un cambio tan brusco sucediera de un día para otro. Pero debemos entender que el Dios que abrió el mar Rojo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Y la palabra se cumplió. La provisión llegó sin que nadie sembrara ni esperara la cosecha: el Señor envió confusión entre los enemigos y ellos huyeron apresuradamente, dejando atrás todo lo que tenían. Incluso por el camino por donde huyeron quedaron plata, vestidos y todo lo que iban tirando.

Quizás hoy estemos como los de Samaria: sitiados, hambrientos, sin poder cubrir nuestras necesidades básicas, y nos parece que, aunque Dios hiciera ventanas en el cielo, sería imposible que eso cambie.

Es necesario armarnos de fe y clamar a Dios, y Él intervendrá de la forma que solo Él puede y sabe hacerlo: trayendo confusión al campamento del adversario, infundiéndole miedo y disipando todo aquello que nos tiene limitados.

En este día, confiemos en el Señor y volvámonos a Él. Reedifiquemos el altar de adoración solamente a Dios, que toda idolatría sea quitada de nuestras vidas, y aguardemos los milagros que nos alcanzarán.

CUATRO LEPROSOS Y UN CAMPAMENTO VACÍO

2 Reyes 7:3-9 "Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos. Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie. Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas. Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron. Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey."

LA PROVISIÓN DIVINA Y LA FIDELIDAD DE SU PALABRA

Los leprosos llevaron la noticia a la ciudad. El rey sospechó que se trataba de una trampa de los sirios, pero uno de sus siervos propuso enviar a alguien a comprobarlo.

2 Reyes 7:13-20 "Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan acá también perecerán como toda la multitud de Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay. Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: Id y ved. Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber al rey. Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey descendió a él. Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria. A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió."

CONCLUSIÓN

La incredulidad del príncipe le permitió ver el milagro, pero no participar de él, porque murió pisoteado por la multitud.

Esta lección nos la llevamos hoy. Muchas veces actuamos neciamente, como este príncipe: nuestra incredulidad nos permite ver los milagros y ver a otros bendecidos con ellos, pero no participamos por no haber creído.

Que Dios nos aumente la fe en este día. Amén.