En qué creemos
Nuestra Declaración de Fe, completa y sin resumir.
Si buscas la versión corta, está en Sobre nosotros: cuatro párrafos con lo esencial.
Somos una iglesia evangélica. Pertenecemos a la confesionalidad cristiano-evangélica o protestante, y nos regimos por nuestros estatutos al amparo de los derechos reconocidos en la Constitución y en la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 5 de julio de 1980.
Nuestra doctrina corresponde a la centralidad de la Biblia, teología sólida y bautismo en agua de los creyentes.
Las Escrituras
En tanto que cristianos evangélicos, aceptamos la revelación del Dios único en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— dada en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, formada por los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo.
La Biblia es la única regla inerrante de fe y conducta. Las tradiciones de la iglesia y las opiniones humanas están subordinadas a lo que enseña la Escritura, y confesamos la fe histórica del Evangelio que se proclama en sus páginas. Afirmamos la divina inspiración de la Sagrada Escritura en sus documentos originales y, por consiguiente, su credibilidad total y su suprema autoridad en todo lo que atañe a la fe y a la conducta.
Afirmamos las doctrinas que consideramos decisivas para comprender la fe, y que deben expresarse en amor, en el servicio cristiano práctico y en la proclamación del Evangelio.
Lo que confesamos
- La soberanía y la gracia del Dios trino —Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo— en la creación, la providencia, la revelación, la redención y el juicio final.
- La pecaminosidad universal y la culpabilidad del hombre caído, que acarrea la ira de Dios y la condenación.
- El sacrificio del Hijo de Dios encarnado en lugar nuestro, único fundamento suficiente de redención de la culpabilidad y del poder del pecado, así como de sus consecuencias eternas.
- La justificación del pecador solamente por la gracia de Dios, por medio de la fe en Cristo crucificado y resucitado de los muertos.
- La obra de Dios el Espíritu Santo, que ilumina, regenera, mora en el creyente y le santifica.
- El bautismo como declaración pública y voluntaria de una persona que ya ha creído conscientemente en Jesús, por inmersión completa en agua, simbolizando la muerte al pecado y la resurrección a una nueva vida con Cristo.
- La Santa Cena, o Cena del Señor, entendida como símbolo al que obedecemos y no como un sacramento que salve por sí mismo.
- El sacerdocio de todos los creyentes, que en la unidad del Espíritu Santo constituyen la Iglesia universal, el Cuerpo del cual Cristo es la Cabeza, comprometidos por el mandamiento de su Señor a la proclamación del Evangelio en todo el mundo.
- La esperanza del retorno visible de nuestro Señor Jesucristo en poder y gloria, la resurrección de los muertos y la consumación del Reino de Dios.
El matrimonio y la familia
Creemos en el matrimonio como institución divina primigenia creada por Dios, por medio de la cual, libre y voluntariamente, un hombre y una mujer, nacidos como tales, se unen de manera estable y permanente para vivir juntos, amarse, respetarse, ser de ayuda mutua y constituir un hogar de bendición para sí mismos y, en su caso, para sus hijos y el entorno que les rodea (Génesis 2:24).
La familia fue diseñada para constituir el germen y la base de la sociedad, por lo que la Iglesia desarrolla una pastoral de apoyo con el fin de fortalecerla: creemos que el incremento de las familias saludables según el modelo del Evangelio favorece también la buena salud de la sociedad.
La autoridad civil
Creemos que el gobierno o autoridad civil existe por disposición divina, para los intereses y el buen orden de la sociedad humana, y que debemos orar por los magistrados, honrándolos en conciencia y obedeciéndoles, salvo en aquello que sea opuesto a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, único dueño de la conciencia y príncipe de los reyes de la tierra.
Jesucristo ordenó dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios y, con ello, promovió la libertad de acción del poder civil, pero también de su Iglesia, que en todo momento es y debe ser responsable de sus propios actos, debiendo proteger su plena autonomía y su libertad tanto en su forma de organización como en la de adoptar sus decisiones.
Nuestros pilares
Estos son los fines por los que la iglesia existe, tal como están recogidos en sus estatutos.
Honrar y adorar a Dios y predicar su Palabra en culto público
«Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.» — Salmo 95:6
Divulgar el Evangelio de Jesucristo por todos los medios a nuestro alcance
«Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.» — Marcos 16:15
Ayudar a los miembros de la iglesia en su desarrollo espiritual
«Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.» — Efesios 4:11-13
Enseñar e instruir en el conocimiento de las Sagradas Escrituras
«Id, y haced discípulos a todas las naciones, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.» — Mateo 28:19-20
Acción social y ayuda a los desfavorecidos
Es la expresión visible del amor a Dios y al prójimo.
«Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.» — Santiago 1:27
«Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.» — Gálatas 6:10
Formar y designar a los ministros de culto
«Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.» — 2 Timoteo 2:2
Fundar y establecer nuevos lugares de culto y congregaciones
«Y de esta manera me esforcé por predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado.» — Romanos 15:20
Promover la comunión con otras iglesias evangélicas
«¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!» — Salmo 133:1